MISIONES.UNO – Caracas fue el escenario de un encuentro clave entre el presidente Nicolás Maduro y una delegación de alto nivel enviada por Beijing, horas antes de la ofensiva estadounidense y en un contexto de máxima tensión internacional.

En los momentos previos al ataque militar de Estados Unidos contra Venezuela, el presidente Nicolás Maduro recibió en el Palacio de Miraflores a una delegación de alto rango de la República Popular China, encabezada por Qiu Xiaqi, enviado especial del presidente Xi Jinping. La reunión, que se extendió durante más de tres horas, se desarrolló en un clima de creciente presión internacional y fue interpretada como una señal política de respaldo estratégico.
El encuentro buscó reafirmar los lazos entre Caracas y Beijing frente al avance de la administración de Donald Trump en la región. Durante la jornada, Maduro definió la relación bilateral como una “unión perfecta, a toda prueba y a todo momento”, una expresión que, según analistas citados por la Agencia Noticias Argentinas, funcionó como un mensaje indirecto hacia Washington.
La definición del mandatario venezolano se produjo tras el despliegue aeronaval de Estados Unidos en el Mar Caribe y las denuncias oficiales sobre incursiones mediante sistemas aéreos no tripulados. Aunque el discurso estuvo dirigido formalmente a la delegación china, el contexto le otorgó un fuerte contenido geopolítico, en momentos en que el escenario internacional se encaminaba hacia una escalada militar.
Del encuentro participaron referentes centrales de la conducción política y diplomática de ambos países. Por Venezuela asistieron la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez y el canciller Yván Gil. La representación china estuvo integrada por Qiu Xiaqi y por el embajador extraordinario y plenipotenciario en Caracas, Lan Hu. Desde Beijing, el portavoz de la Cancillería china, Lin Jian, respaldó públicamente la legalidad de la cooperación bilateral.
La reunión incluyó un intercambio de obsequios registrado por la señal estatal Venezolana de Televisión. El enviado chino entregó una pieza de cerámica tradicional, mientras que Maduro obsequió una obra pictórica con una dedicatoria escrita de su puño y letra. Ante la consulta de los delegados chinos sobre el contenido del mensaje, el presidente venezolano evitó dar detalles y lo calificó como un “secreto entre nosotros”. Al cierre del encuentro, la consigna “Siempre victoriosos” resonó en los pasillos del palacio, una frase habitual del discurso chavista frente a sanciones y presiones externas.
En el plano técnico, la agenda incluyó la revisión de más de 600 convenios bilaterales vigentes entre ambos países. Si bien especialistas cuestionan el impacto económico real de estos acuerdos debido a la crisis estructural venezolana, el gobierno los considera un elemento central de su blindaje diplomático y de la continuidad de su operatividad comercial.
En paralelo, China denunció formalmente la interceptación de petroleros con crudo venezolano, al considerar que se trata de una violación del derecho internacional, un pronunciamiento que se produjo en las horas previas al ataque militar estadounidense.

